Por suerte, actualmente la conciencia medioambiental cada vez es algo más común en nuestra sociedad. Reciclar, tener más en cuenta el origen de los alimentos que consumimos, ahorrar energía, utilizas más el transporte público...
Desde wanderlove os proponemos otra forma de ir un poquito más allá.
Cada año, sólo en España, se desechan más de 800.000 toneladas de ropa. 800.000 toneladas de prendas sin ningún tipo de segunda oportunidad que van directas al vertedero, además, sin seguir una gestión de residuos sostenible.
Cómo podréis suponer el impacto ambiental de esto es brutal. Se ha calificado a la industria de la moda como la segunda más contaminante, llegando a emitir en un año 1,2 BILLONES DE TONELADAS de CO2 (más que las que expulsaron a la atmósfera el transporte marítimo y la aviación internacional juntos).
Por si fuera poco, la huella de carbono de esta industria complementa con una importante huella hídrica: en concreto, una media de 93.000 millones de metros cúbicos de agua.
Sumándole a todo esto la contaminación por tintes, tratado de tejidos y otras prácticas culpables del 20% de la polución global del agua... lo que obtenemos es una increíble catástrofe medioambiental.
¿Cómo solucionar esto?
La moda se ha convertido en algo de usar y tirar, por eso todas estas cifras de las que os hablamos empeoran cada año. Es necesario crear conciencia de lo que es un negocio de moda sostenible basado en una producción industrial de mejora calidad, segura y limpia, pero también en una menor producción y por tanto un menor consumo general.
En wanderlove ya fomentamos técnicas como el patchwork para dar una segunda vida a los tejidos creando nuevas prendas muy especiales.
Pero, además, recientemente hemos incorporado el yute a nuestras colecciones. Este tejido ya no se limita sólo a las bolsas y se está utilizando para hacer productos de papelería, artesanías, artículos decorativos, prendas de vestir, calzado...
Quizás la imagen más generalizada del yute sea la de un tejido áspero y rígido que podemos encontrar en muchas alfombras actualmente muy de moda. Pero este tejido, confeccionado de maneras diferentes, adquiere un aspecto suave, ligero y muy natural.
Lo mejor es que los beneficios medioambientales de esta fibra, tanto a nivel de cultivo como de fabricación, ocupan una larguísima lista. Algunos de los puntos más destacables son:
Limpieza del aire. Una hectárea de plantas de yute puede absorber hasta 15 toneladas de dióxido de carbono y liberar 11 toneladas de oxígeno durante la temporada de crecimiento de yute (unos 100 días). Su huella de carbono es mínima.
Menos fertilizantes, herbicidas, pesticidas para el cultivo del yute en comparación, por ejemplo, con el algodón.
Bueno para otros cultivos. El yute se rota con otros cultivos porque aumenta la fertilidad del suelo y reduce el riesgo de atraer plagas y enfermedades.
Las prendas de yute son 100% biodegradables y reciclables.
Su cultivo es de secano, no necesita irrigación, se alimenta del agua de lluvia.
Es una de las fibras naturales más fuertes.
Favorece el desarrollo en zonas desfavorecidas. India genera el 60% de la producción de yute, seguida por Bangladesh. Por tanto, invirtiendo en prendas de yute estamos favoreciendo el empleo de estos países en zonas rurales y remotas menos desarrolladas.
Y, por si todo esto nos pareciera poco... ¡Mirar que preciosidad de prendas se consiguen con esta fibra dorada!